De qué está hecha una vaina
La base es un alma de dos listones finos de madera, vaciados por dentro con la forma de la hoja y encolados entre sí. El alma se forra de cuero, encolado o cosido por el dorso. Las vainas medievales a veces iban forradas por dentro de lana o piel de oveja: la lanolina engrasaba la hoja cada vez que se desenvainaba.
En la boca de la vaina va el brocal, una pieza metálica que protege el cuero del filo y refuerza la abertura. Más abajo, la suspensión, y en el extremo, la contera.
La contera
La contera es la pieza metálica del extremo de la vaina. Evita que la punta se desgaste cuando la vaina golpea la pierna, la silla o el suelo, e impide que la punta de la espada atraviese el cuero. En la Edad Media solía ser un simple casquillo de chapa; en vainas posteriores, un remate fundido y decorado.
Suspensión y tahalí
En los siglos XIII y XIV la vaina se sujetaba al cinturón con correas enlazadas en su parte superior, de modo que la espada colgaba inclinada sobre la cadera izquierda: el diestro tenía la empuñadura a mano y la punta de la vaina no se le metía entre los pies. Después se impusieron las guarniciones metálicas con anillas a las que se abrochaban las correas.
Un buen tahalí sostiene la vaina en un ángulo que permite desenvainar sin sujetarla con la otra mano y no se escurre al caminar.
Cómo elegir la vaina para tu espada
La vaina se hace para una hoja concreta: su longitud, su anchura junto a la guarda, su grosor y su forma de estrecharse hacia la punta. La boca también tiene que encajar con la guarda: algunas guardas tienen lengüetas que montan sobre la vaina y la cierran por arriba.
La espada debe quedar sujeta por fricción cerca de la boca. Una vaina demasiado holgada la deja caer; una demasiado estrecha desgasta el filo y dificulta desenvainar. Si necesitas una vaina para una espada que ya tienes, escríbenos con las medidas de la hoja y la guarda y pediremos al fabricante una vaina a medida.
La vaina no es un armario
El cuero retiene humedad y contiene curtientes, así que una hoja encerrada meses en la vaina empieza a oxidarse donde no se ve. A diario, la espada se guarda fuera de la vaina, con una fina capa de aceite en la hoja.
Si cuelgas la espada en la pared, elige una pared interior, lejos de radiadores y ventanas. El colgador debería sostener la espada en dos puntos —cerca de la guarda y más hacia la punta— para que la hoja no cuelgue de uno solo.
